Cañaíllas cocidas a la manera de siempre, con su punto de sal marinera
El aperitivo de toda la vida en la costa del Golfo de Cádiz: cañaíllas vivas, agua, sal a manos llenas y un alfiler para sacarlas del caparacho. No hace falta más. Es una de esas recetas que casi se olvidan de puro sencillas, y que resume bien los sabores de Huelva cuando el marisco fresco llega a casa depurado y listo para el puchero. Sale un plato de picar para toda la mesa, de los que se comen despacio y con conversación.

Lo que necesitas de la tienda
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- 1 kg de cañaíllas vivas y depuradas
- Agua fría, la que haga falta para cubrirlas holgadamente
- Sal gorda (dos puñados generosos, a manos llenas)
- Medio limón, opcional, para el momento de servir
Cómo se hace
- Saca las cañaíllas de la bolsa nada más recibirlas y lávalas bajo el grifo con mucha agua fría, removiéndolas con la mano para que suelten cualquier resto de arena.
- Comprueba que están vivas: toca con la punta del dedo la carne que asoma por la boca del caparacho y fíjate en si se retrae. Es lo más importante de toda la receta; si alguna no reacciona, apártala.
- Pon las cañaíllas en una olla amplia y cúbrelas con agua fría, que les sobre un par de dedos por encima. Se arrancan desde agua fría, no con el agua ya hirviendo.
- Echa la sal sin miedo, dos puñados bien llenos. El agua tiene que saber a mar; es la que sazona el bicho por dentro.
- Arrima la olla al fuego fuerte y, en cuanto rompa a hervir, cuenta el tiempo: unos 18 minutos para las medianas y hasta 20 si son grandes. Ese es el momento de estar atento, porque pasarse las pone correosas.
- Escúrrelas y déjalas atemperar unos minutos antes de llevarlas a la mesa. Se comen tibias, que es cuando mejor saben.
- Sirve con un alfiler o un palillo fino por comensal: se pincha la carne, se gira tirando en el sentido de la concha y sale entera. Se retira la tapita dura y la puntita oscura del final, y lo demás va para dentro. Un golpe de limón, si te gusta, y listo.
El consejo del pescadero
No las guardes en agua ni las tengas ahogadas esperando: hasta que vayan al fuego, mejor en la nevera dentro de una fuente, tapadas con un paño húmedo, y a cocer cuanto antes. Si te sobran cocidas, aguantan bien un día en frío y se comen igual de ricas al día siguiente, sin recalentar. Y una cosa de marineros viejos: el agua de la cocción, colada y sin sal añadida, va estupenda para mojar un arroz al día siguiente. Pescadería online costaluz.
Las medianas de 35/50 piezas por kilo son la talla clásica de tapeo: cuecen parejas en 18 minutos y dan el bocado justo para picar con alfiler, mientras que las grandes piden más tiempo de cocción y se suelen reservar para otras elaboraciones.
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