Arroz caldoso de gamba blanca de Huelva, a la manera de Isla Cristina
50 min · 4 raciones
Un arroz marinero de los de siempre, hecho con la gamba arrocera que se descarga en la lonja de Isla Cristina. Todo el sabor sale de las cabezas y las cáscaras, que se convierten en un caldo corto y oloroso, y de un sofrito lento de cebolla, pimiento y tomate. Es plato de casa, de cuchara y sin misterio: con medio kilo de marisco fresco y un buen arroz redondo se llena la mesa de sabores de Huelva. Si lo compras online, pide la gamba cruda; la cocida es para pelar y comer tal cual, aquí interesa
Ingredientes
- 500 g de gamba blanca de Huelva arrocera, cruda
- 350 g de arroz redondo
- 1 cebolla mediana
- 1 pimiento verde de freír
- 2 tomates maduros rallados
- 3 dientes de ajo
- 1 cucharadita de pimentón dulce
- Unas hebras de azafrán (o una pizca de colorante)
- 1 hoja de laurel
- 6 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- Sal
- 1,5 litros de agua
Cómo se hace
- Pela las gambas en crudo y guarda las colas tapadas en la nevera. No tires nada: cabezas y cáscaras son la mitad del plato.
- Pon dos cucharadas de aceite en una olla y saltea a fuego vivo las cabezas y las cáscaras, apretándolas con la cuchara para que suelten el jugo. Cuando huelan a marisco, cubre con el agua, echa el laurel y deja que dé un hervor tranquilo un cuarto de hora escaso.
- Cuela el caldo apretando bien los restos y mantenlo caliente al lado del fuego.
- En una cazuela ancha y baja, sofríe con el resto del aceite la cebolla, el pimiento y el ajo, todo muy picado, a fuego suave y con una pizca de sal, hasta que estén blandos y dorados.
- Añade el tomate rallado y deja que se fría hasta que pierda el agua y el sofrito se vea oscuro y espeso.
- Retira un momento del fuego, echa el pimentón y remueve rápido para que no se queme.
- Incorpora el arroz, dale unas vueltas para que se impregne y moja con el caldo caliente, unas tres partes de caldo por una de arroz. Añade el azafrán y prueba de sal.
- Cuece a fuego alegre un primer rato y luego flojea la lumbre, sin remover mucho, hasta que el grano esté hecho pero entero, un cuarto de hora largo. Debe quedar suelto pero con caldo.
- Cuando falte poco, reparte las colas de gamba por encima, tapa y apaga el fuego. Con el calor que queda se hacen solas; si se pasan, se quedan secas.
- Deja reposar un par de vueltas de reloj de arena, lo justo para que asiente, y sirve en la misma cazuela.